Introducción

Aldo Shiappacasse C.

         Soy comentarista deportivo y me encanta mi trabajo. El fútbol –a lo que me dedico prioritariamente- me sorprende, me apasiona y me divierte, pero, sobre todo, me conmueve por su increíble capacidad para crear historias. Las que nacen desde la épica y las que se nutren de la derrota.Trabajo también, desde hace más de un par de décadas, en una revista de cine, lo que me permite asistir a las funciones en el convencimiento de que es mi oficio más que un entretenimiento. Pero en rigor, es frente a la pantalla grande donde me permito emocionarme sin restricciones ni pudores.

       Fútbol y cine son, por ende, el maravilloso medio en el que me gano la vida. Juntarlos, reunirlos y mezclarlos ha sido mi pasatiempo por años. Comenzó como curiosidad, pero terminó por transformarse en una pasión casi inabordable. De hecho, junto a mi amigo Rodrigo Garcés lo convertimos en un tema académico, que despertó polémicas porque, al decir de los cinéfilos rigurosos, un arte no puede degradarse relatando un juego. Para mis colegas futboleros  más rigurosos, un partido de fútbol jamás podrá retratarse adecuadamente en un filme.

      Este sitio es sólo un registro de las películas que han tomado como pretexto el fútbol para contar una historia. Desde cualquier perspectiva: la del hincha, la del jugador, el árbitro, el periodista o el dirigente. El requisito único es que el juego – o quienes lo practiquen- formen parte de la trama. El recuento contempla, por ende, desde  largometrajes  hasta los cortos más destacados, pero también documentales que a partir del tema narren una historia determinada.

     Quedan, y valga la advertencia, excluidos los recuentos de temporadas, las campañas completas de los equipos, el seguimiento de torneos específicos si, paralelamente, no desarrollan una determinada idea que los asocie con un momento político, un personaje clave, una tragedia en ciernes, un triunfo que cambió al país.

      Es sólo un catastro. Cada cual podrá hacer los comentarios que estime pertinentes para las películas, las precisiones necesarias para un registro muchas veces inexacto, las correcciones a los errores cometidos, el aporte para engrandecer la muestra.

    Como trabajo de recopilación, si es que vale la precisión, diremos que la meta final siempre será ver la obra, y eso ha sido posible con la mayoría de las reseñas presentadas. En otras, hemos tocado de oídas, a partir de informaciones ajenas. La idea es completar –hasta donde sea menester- este listado. Esa es la propuesta para quienes se apasionen con este maridaje extraordinario entre dos artes que mueven multitudes.